Tejido adiposo

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Al recibir alguna atención o servicio en salud es común escuchar indicaciones o explicaciones respecto a la importancia de no mantener una cantidad excesiva de tejido adiposo en nuestro cuerpo por la considerable cantidad de riesgos y complicaciones asociadas a su incremento.

El acúmulo descontrolado de este tejido es nocivo ya que contiene una gran cantidad de células capaces de almacenar lípidos. Los lípidos son compuestos que obtenemos de los alimentos y se caracterizan por ser una forma eficiente de acumular energía a manera de kilocalorías; una vez que los alimentos son ingeridos y catabolizados a partir de diferentes fenómenos digestivos son utilizados o almacenados para realizar diferentes funciones.

El tejido adiposo no solamente funciona como una reserva de energía por el almacenamiento de lípidos, también es utilizado para regular nuestra temperatura protegiendo gran parte de nuestra superficie corporal contra el frío, genera espacios de protección a manera de almohadillas debajo de la piel y alrededor de algunos órganos, participa en la regulación del apetito y saciedad, parte de su almacenamiento puede ser utilizado para producir hormonas.

Conociendo lo anterior es un error común pensar que una alimentación restringida en grasas es suficiente para contrarrestar la formación y el acúmulo de tejido adiposo; sin embargo, es importante identificar que cualquier exceso de consumo de alimentos podrá ser almacenado en esta forma química (lípidos) por ser una estructura altamente eficiente para el almacenamiento energético.

Cuando adicional a no tener una alimentación ordenada, realizamos pocos movimientos y bajo consumo energético asociado a nuestras actividades diarias fomentamos el acúmulo de estos lípidos expresándolo desde indicadores bioquímicos en estudios sanguíneos con incremento en los valores de colesterol y triglicéridos y/o con manifestaciones corporales por incremento de tejido adiposo a nivel abdominal, como el continuo aumento de tallas relacionado al sobrepeso y obesidad.

El incremento de este tejido y sus componentes lipídicos presentes en sangre pueden ocasionar depósitos a lo largo de arterias y venas, aumentando así la probabilidad de sufrir un evento cardiaco o accidente vascular cerebral a mediano y largo plazo.

Para todos aquellos interesados en su salud es importante conocer nuestros valores y parámetros adecuados correspondientes a nuestra edad, intereses y actividades relacionadas. Por esta razón sugerimos acudir periódicamente con un nutriólogo para recibir los ajustes e indicaciones de una adecuada alimentación, así como visitar a un médico del deporte para la recomendación de actividad física y correcta prescripción del ejercicio ligada a sus capacidades.  

Luis Gerardo Vázquez Villarreal

Director Médico y Ciencias Aplicadas al Deporte LFA

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