Maximiliano Hernández, mentalizado a crecer

No todas las historias de los jugadores de fútbol americano siguen el mismo patrón y no todos cruzan por las mismas etapas, sin embargo lo que sí tienen en común es la pasión que al final se genera por el deporte de las tackleadas y la historia del receptor de Gallos Negros, Maximiliano Hernández (#5) es una muy peculiar.

Max fue seleccionado en la segunda ronda del Draft 2022 con el objetivo de unirse al talento ofensivo de Gallos Negros y el novato mostró compromiso, pero a su vez los skills que tanto lo han direfenciado en liga mayor, lo que lo llevó a colocarse dentro del top ten de los receptores de la liga con 230 yardas y 2 pases de anotación, donde una de ellas tiene el sello de ser de las mejores jugadas – al menos- de esta temporada. 

Cuando uno ve al #5 de Gallos Negros en el campo (y quienes tuvieron la oportunidad de verlo en liga mayor) pueden percibir que el football es algo que se le da totalmente de manera natural para él, pero en realidad su trayecto tuvo bastantes caminos inesperados que lo formaron en el jugador que es hoy en día.

Su historia en el fútbol americano se remonta a los tres años de edad junto con su hermano mayor, Víctor. Sus padres, quienes no tenían mucha fijación por este deporte de contacto, se vieron incentivados a llevar a sus hijos debido a la energía que tenían y, a pesar de vivir un tanto retirados, Gamos se convirtió en la primera casa para los Hernández.

“A mi hermano se le facilitó bastante el americano y destacó desde un principio, pero a mi me costó mucho trabajo el poder sentirme parte dé, sobretodo por la categoría en la que estaba, me daban muy poco juego”-recordó Max- “Inclusive le llegué a cuestionar a mis padres el por qué íbamos hasta allá cuando había un campo de fútbol soccer cerca de mi casa.”

Después de un par de temporadas Max empezó a mejorar en la posición de corredor, motivado también por su hermano y comenzó a generar más lazos con todos los que se encontraban en el equipo, fue ahí que empezó a agarrarle cariño a este deporte. Posteriormente llegó el cambio a receptor, algo que sumó  todavía más satisfacciones a su trayectoria desde muy joven.

“Yo tenía muchas ganas de jugar de  quarterback y una vez lo intenté, pero en ese entonces un coach me dijo que tenía muchísimo más cualidades para ser receptor. Al principio no me pareció, pero después me encantó totalmente”-comentó. 

Entonces llegaron las recompensas como el ser MVP, destacar en más de una temporada y el factor que su hermano había sido reclutado por la UDLAP, Max también estuvo en la mira, dando todo de sí para seguir los pasos de su hermano.

Su última temporada en Gamos fue a los 17 años y él ya tenía la invitación de ir a jugar con los Aztecas, sin embargo decidió quedarse con los Pumas en la intermedia y prepararse mejor para formar parte de la selección del Mundial U19 en Kuwait.

Max tuvo claro sus visiones desde un principio y fue muy transparente con ambas instituciones así que cuando regresó del mundial empacó sus maletas y se fue a la UDLAP para empezar a conocer las instalaciones, los coaches y empezar a demostrar de qué estaba hecho, pero a su vez iniciaron sus mayores pruebas en la vida.

Su estancia en la UDLAP duró muy poco pues no se encontraba mentalmente preparado para dar el ancho, así que la decisión fue prácticamente unánime para salirse del equipo, lo que lo llevó a ir a Borregos CEM para jugar su primer año de liga mayor donde comenta aprendió muchísimas cosas de su persona.

Motivado por estar con su hermano tocó las puertas nuevamente con Pumas y, a pesar de haber tenido un gran pretemporada, no pasó el último filtro lo que lo dejó cuestionandose si realmente el football era para él.

Max se dio cuenta de que no podía abandonar este deporte que le había dado grandes satisfacciones, pero sobre todo lecciones así que para el 2016 jugó en Águilas Blancas con el coach Zárate a quien había conocido en Borregos CEM.

El staff de Borregos Toluca se puso en contacto con Hernández para invitarlo a formar parte del programa y con una mentalidad mucho más madura, se dio cuenta que era el momento de dar un salto más y el último en su liga mayor formando parte del equipo en el 2017 donde vivió el primer campeonato del programa al vencer a la UDLAP y el campeonato nacional al vencer a Pumas CU. Al año siguiente también vivió el bicampeonato y hasta el 2021 vivió con intensidad todos y cada uno de los momentos con Borregos Toluca.

“La mejor satisfacción que yo pude tener fue, al finalizar un partido, el poder ver a ese coach que a lo mejor yo decepcioné en algún momento y que sienta que he crecido como persona.”-expresó.

Max Hernández no solo optó por la LFA  para continuar jugando, sino porque quería apoyar este proyecto para las generaciones que vienen en camino, consciente que requiere el esfuerzo de muchas personas.

“Yo amo el football, significa mucho para mí. El poder aportar algo para las siguientes generaciones es importante”- expresó.

A pesar de que en el transcurso de la temporada del equipo estuvo un poco complicada más la incorporación de Marco García (#18) que tomó su respectivo tiempo para poder entrar en ritmo hoy, tanto él como todo el equipo estarán viajando a Tijuana para el Tazón México V.

“La verdad es que yo quería estar con ese grupo de personas. Sí sentí al principio un poco de presión por demostrar y la frustración. En ese momento no estábamos dando la mejor versión de nosotros- expresó- “Me olvidé de los números, fue una presión menos, porque sabía que iba a tener, en algún momento, la oportunidad.”

Una de las cosas que jamás podrá olvidar es ver cómo la tribuna se levantó con alguna de sus jugadas ya que ha sido de las mejores sensaciones que ha vivido.

Max continúa con la preparación para aportar lo que sea necesario y acompañar a todo su equipo a la experiencia de levantar el trofeo en esta temporada, demostrando que cuando uno lo quiere y trabaja lo suficiente, la oportunidad llegará.

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