Cocinando la jugada perfecta 

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La vida siempre nos pone retos en todo momento que nos harán crecer como persona. A veces los desafíos  son más fuertes que otros; a veces nosotros somos más fuertes que ellos. Lo importante es nunca darnos por vencidos. El ejemplo de alguien persistente es el liniero ofensivo de los Raptors, Jonathan Creo. 

Creo no sólo protege a su quaterback de los defensivos, también protege sus sueños y lo más importante es que lucha por ellos. Es un jugador dedicado a las cosas que hace y no es necesario que lo exprese con palabras ya que la disciplina que tiene y el compromiso lo muestra en todos los días de entrenamiento. En cada partido. 

La primera vez que pisó un campo de futbol americano, fue como espectador a los  ocho años. Un solo detalle le bastó para enamorarse completo de este deporte”. Estaban los jugadores en zona roja y cuando centraron el balón escuche los cascos chocar, vi todo el movimiento. Desde ese momento me enamoré.”-expresó el jugador. 

Su vida como jugador de americano inició a los 15 años en Dragones Rojos de Izcalli y terminó su intermedia ahí para que en el 2007 se cambiara a jugar mayor  en el equipo de Centinelas. Sin embargo no todo es fútbol americano y la vida escolar le empezó  a demandar más cosas como  el hecho de tomar la decisión de la carrera que iba a estudiar. 

Cuando empezó a observar las opciones sólo se halló con la gastronomía y a pesar de que no fuera una carrera tan bien vista en su momento la aprobación de su papá le dio un empujón para empezar el último escalón escolar. Ingresó al Centro Universitario Rafael Haller donde encontró otra pasión: la cocina. 

“Desde chavito estuve arraigado en la cocina con mis abuelos”-comentó Creo. Confesando también que le gusta mucho cocinar pastas y sus diversas salsas, pero lo más importante es que le gusta hacer sus propias recetas. Además también le encanta todo lo que tenga que ver en el servicio donde se encarga del trato al cliente en ambientes culinarios. 

La carrera de gastronomía es costosa, sus padres no podían financiarla completa y el jugar americano solo lo veía  como una práctica de deporte, un pasatiempo, en vez de un apoyo y una base para lograr los objetivos académicos como lo es hoy en día. Fue en su mayor con Centinelas cuando empezó a escuchar los términos de becas relacionados al futbol recibiendo posteriormente la invitación de formar parte de los Linces de la UVM Lomas verdes. 

A pesar de la oportunidad que se presentó con todo el apoyo del equipo para seguir la carrera el tema te las revalidaciones de materias no fue tan positivo y sólo le hacían falta dos años para culminar sus estudios mayores por lo tanto optó por jugar con los Linces, pero no estudiar ahí. 

Una de las características de este jugador, además de lo apasionado, es que en su brazo derecho porta un tatuaje muy peculiar. “Le pedí a un amigo que mezclara todas mis pasiones. Los signos vitales es porque todo empieza con vida y hay que disfrutarlo”-añadió. 

Primero hay un balón de americano con su número (#58) como símbolo de amor al deporte que practica. Cuando terminó su liga mayor fue una de las cosas más tristes para él. “No me podía parar en un campo de americano sin estar equipado”-confesó. Fue que  llegó la LFA y le dio la oportunidad de seguir jugando. 

La nota musical es porque le encanta la música. “Tu vida tiene su ritmo y tú se lo das. Cada día eres una canción diferente” –comentó. Además de que también le ayuda a mentalizarse y a inspirarse. Por último está el gorrito del chef, que es con lo que deicidio vivir, porque es donde se hace de amigos y hace lo que le gusta. “Cuando hay algo que me apasiona, se me olvida todo.” 

Sus 21 portan un significado especial y hay otro que también resalta. El casco de su equipo actual: Raptors. 

Es válido soñar en grande y es más válido hacerlo posible, son de las cosas que a Creo le gustaría transmitir a todas las generaciones que están encaminándose a crecer y a ser alguien en la vida. 

“Todo son círculos que se abren y se cierran para formar una figura y esa figura eres tú.” 

Por: Fernanda Mayen 

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