Mayas se inspiran tras pisar el Estadio Azul y convivir con leyendas

Ciudad de México, 28 de marzo de 2018. Volver al lugar que les dio algunas de las mejores glorias y momentos como jugador de futbol americano, siempre es motivante, y hacer esta vuelta como una figura legendaria del emparrillado mexicano, compartiendo el terreno con las actuales estrellas del futbol americano profesional, lo convierte en historia pura.

Así sucedió cuando jugadores de la Liga de Futbol Americano Profesional (LFA) se encontraron con auténticos símbolos del emparrillado mexicano, como Joaquín Castillo o el mismísimo Dr. Jacinto Licea; esto, bajo el contexto de la gran sede del Tazón México III, el Estadio Azul, antes llamado Estadio Olímpico de la Ciudad de Los Deportes.

Mientras los jugadores comentaron su experiencia por pisar este recinto, sintiéndose motivados por compartirlo con algunos de los exponentes más grandes del deporte de las tacleadas, las leyendas tomaron el tiempo para recordar sus momentos inolvidables cuando estaban equipados y listos para hacer vibrar a la tribuna.

Por parte del “Imperio Azul”, los representantes fueron Marco García, Omar Cojolum y Francisco Ramírez, quienes compartieron su sentir al estar en el lugar que podría ser su sitio de consagración,

“estoy muy contento y muy ilusionado al poder estar aquí y querer estar en la fiesta grande. Realmente es muy emotivo ver el estadio y que mejor sería que lo viéramos totalmente lleno antes de que lo derrumben”, fueron las palabras del corredor estelar del equipo de Mayas, Omar Cojolum.

Marco García, quarterback de los actuales campeones, refirió al Estadio Azul como algo más místico y especial, celebrando esta reunión e intercambio generacional y deportivo.

“Es una gran oportunidad el poder pisar este campo que está lleno de historia y de magia. Sin duda es aquí donde queremos estar en un mes y es por lo que hemos trabajado, por pelear un lugar aquí. Es muy bonito tener este tipo de actividades donde te reúnes en un estadio legendario con leyendas del futbol americano y con jugadores actuales; creo que convergen muchas situaciones que lo vuelven mágico y con el escenario perfecto para celebrar una final de la LFA”.

Mientras que, Francisco Ramírez, linebacker con el número 51, afirmó que tener contacto directo con jugadores con la historia y el renombre de Carlos Rosado o García Miravete, es algo especial, debido a la cantidad de experiencia y memorias que pueden transmitir a las generaciones actuales.

“Conversar con ellos es algo mágico, porque ellos ya vivieron aquí el futbol y saben de lo que se trata este estadio lleno y pueden compartir un poco de lo que se siente y revivir esos recuerdos en ellos es algo que pocas veces se puede hacer”.

Las leyendas recuerdan

Hablando del otro lado del campo, evocar las mejores memorias es algo que revive y rejuvenece. Esto fue lo que sintieron algunas de las leyendas que se dieron cita en el Estadio Azul, rememorando los momentos que atesorarán por siempre.

Diego García Miravete, el estandarte de los antiguos Cóndores de CU, abrió su caja de recuerdos para compartirnos las emociones de estar jugando en la Ciudad de los Deporte.

“El primero de mis recuerdos fue el de ser novato de Pumas y abrir en 1967 contra Politécnico Guinda, que había sido campeón en 1965. Fue una emoción que todavía la sigo viviendo. Gracias a Dios fue una buena temporada la de 66-67”.

“Desafortunadamente, en el 67, faltando dos minutos, me rompen los ligamentos y tuve que echarme enyesado los 84 escalones para salir, porque no había otra forma más que esas escaleras”.

“La vida avanzó, mi último partido también lo jugué aquí como seleccionado nacional contra Freshman Navy y ya como entrenador, aquí tuvimos un campeonato muy importante en 1990”, recordó García, vistiendo orgulloso los colores negro y amarillo.

El ex receptor abierto de las extintas Águilas Reales de la UNAM, Carlos Rosado Stevens, recuerda como su mejor momento, aquél en donde el público conoció por primera vez la identidad del equipo donde alcanzó la cima de su juego, añadiendo un poco de su historia anterior a la Liga Mayor.

“En este estadio jugué Intermedia en 1969 con el equipo de la Preparatoria 9 y después subí a Liga Mayor en 1970 a 74; prácticamente todos los partidos que jugamos eran aquí. Tengo muy buenos recuerdos del estadio, uno muy grato fue cuando inauguramos la temporada de 1970, Águilas Reales contra los Búhos de Medicina y Biología del Politécnico, con un estadio lleno en la noche; esa fue la primera vez que la afición conoció los colores del equipo”, revivió el legendario jugador con su chamarra en vivos azul y blanco y su característico número “9”.

Si hay alguien que es garantía de tener grandes historias y memorias del estadio es, Joaquín Castillo, un jugador tan característico de los Pumas de la UNAM, como lo es el Estadio Olímpico y los colores azul y oro.

Castillo, inmediatamente se sintió de vuelta en sus épocas como quarterback universitario al entrar al Azul, porque desde el túnel, hay un capítulo para rememorar, “entré con el coach Licea por la Plaza de Toros, que era por donde yo entraba cuando jugábamos, bajaban los camiones al túnel y por ahí llegábamos al campo. La entrada por el túnel después de tantos años sí fue emotiva y con muchos recuerdos; en este estadio tuve la suerte de que el equipo de los Pumas en el que yo participaba, tuvo sus dos mejores temporadas, en el 66 y 67”, dijo el histórico coach Castillo.

Al recordar su mejor partido, el entrenador no titubeó, mencionando una victoria histórica sobre sus grandes rivales deportivos, el Instituto Politécnico Nacional, “fue el 52-0 al Politécnico Guinda por ahí de 1967. Por aquella época no era fácil lograr un marcador de ese tipo y menos ante un equipo que no era fácil y que era bastante fuerte. Fue una temporada bastante buena para nosotros, porque, además de haber logrado el 52-0, fue una temporada en la que terminamos invictos y sin puntos en contra”, dijo el mítico jersey “20” de los felinos del Pedregal.

Finalmente, con todo este conjunto de historias y visión al futuro, los jugadores de Mayas se pusieron del lado de las leyendas y respondieron a la pregunta de: ¿Cómo les gustaría ser recordados al final de su carrera?

“Como ellos, realmente con el lugar que se merecen. Al final del día, hay críticas buenas y malas como en todos lados, pero creo que eso la gente lo definirá, el cómo te voltean a ver y cómo quisieran que estuvieras tú. Realmente uno está haciendo el esfuerzo por el deporte que ama. Te esfuerzas por jugar, por tener bien a la familia, que la gente tenga el espectáculo que ofrecemos y todo lo demás va saliendo”, fue lo que dijo Omar Cojolum.

“Como una persona que es íntegra en todo sentido, no sólo en la cancha, sino, con los que tienen oportunidad de conocerme como persona, cumplir con todas esas áreas distintas que requiere una persona y como jugador, ser ícono para quienes se desarrollan en la misma posición, obviamente, siempre es bonito que quieran ser como uno y esa es parte importante de la motivación, por la que uno trabaja y realmente quiere obtener buenos resultados; dejar un legado en todo sentido y ser un ejemplo”, replicó Marco García.

“Yo creo que lo que más puede dejar es la huella en los jóvenes y en los niños, que ahorita te saluden y te volteen a ver, creo que, en algún momento, eso a nosotros nos llegó a motivar también a seguir trabajando para llegar a este punto y seguirlos inspirando a ellos para que lleguen a esto”, concluyó el linebacker, Francisco Ramírez.

El escenario del Tazón México III está listo, la gran interrogante es: ¿Quiénes serán los jugadores que despidan el Estadio Azul el próximo 22 de abril levantando el codiciado trofeo?

Por. Arturo Velaztegui

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